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Hay una frase que se repite casi textual en boca de los papás: «camina como pato». Los pies apuntan hacia afuera, el paso se ve ancho, los tobillos parecen irse hacia adentro. Durante años se asume que es la forma de caminar de ese hijo, hasta que aparece el dolor.
Ese fue el punto de partida de un caso que atendimos en Footline: un paciente de 17 años que desde la infancia presentaba alteraciones en la pisada. Había usado plantillas ortopédicas algunos años y luego se suspendieron por indicación médica. A los 16 empezó con dolor frecuente en ambos pies, y sus padres notaron esa alteración en la marcha que describieron justamente como «caminar como pato». Ahí llegaron a evaluación.

En la infancia, la mayoría de los pies planos son flexibles: el arco aparece cuando el niño se para en puntillas o cuando el pie no está cargando peso. Muchos de esos pies se organizan solos a medida que crece el esqueleto y madura el control muscular. Por eso, en niños pequeños sin dolor, la conducta habitual es observar y controlar.
La adolescencia cambia el escenario por tres razones:
Si a esa altura el pie plano sigue presente y empieza a doler, ya no es una etapa que va a pasar sola. Es una señal para evaluar.
Cuando los padres describen esa marcha, casi siempre están viendo alguna combinación de estas cosas:
Esa última observación —mirar de atrás— es la más útil y la que casi nadie hace en casa. Con el adolescente de pie y descalzo, mírale los talones desde atrás: deberían estar aproximadamente verticales respecto de la pierna. Si se inclinan hacia afuera, lo que se llama calcáneo valgo, es uno de los signos que motivan una evaluación.

La evaluación completa de este paciente de 17 años mostró cuatro hallazgos:
Ese conjunto es la razón por la que una evaluación de pisada seria no se queda en la planta del pie. Una dismetría cambia cómo apoya cada pie; una alteración del apoyo cambia cómo se posiciona la pelvis; y la columna se acomoda a lo que recibe. Los cuatro hallazgos se leen juntos, porque juntos explican mejor el cuadro que cada uno por separado.
Es importante decirlo con precisión: encontrar estas cosas asociadas no significa que una haya causado a la otra. Significa que conviven y que el plan de tratamiento tiene que considerarlas todas.

En Footline el estudio en un caso así incluye:

Con todo eso sobre la mesa se define un plan. En este caso, la indicación fue plantillas ortopédicas personalizadas más control anual con traumatólogo infantil para hacer seguimiento del desarrollo. Ese segundo punto no es un detalle: en un paciente que todavía está creciendo, el seguimiento médico es parte del tratamiento, no un extra opcional.
No esperar a que «se le pase con la edad» si ya duele. En la infancia temprana esa espera puede tener sentido; a los 16 o 17 años, con dolor presente, el margen de corrección espontánea es mucho menor.
No comprar plantillas por internet o por talla. Un pie plano adolescente con calcáneo valgo y una posible dismetría necesita un soporte diseñado para esa configuración específica. Un soporte genérico puede no hacer nada o, peor, corregir en la dirección equivocada.
No tratar solo el pie si hay hallazgos en columna o en el largo de las piernas. Ahí corresponde una mirada conjunta y, cuando aplica, derivación al especialista.
A los 17 años todavía hay margen para trabajar. Lo que no conviene es dejar pasar dos o tres años más esperando que se resuelva solo.
Si quieres entender el pie plano en general y cómo se aborda en el adulto, lo desarrollamos en plantillas ortopédicas para pie plano. Y si el tema es específicamente por qué se suspendieron las plantillas y volvió el dolor, lo tratamos en dejar de usar plantillas en la adolescencia.
Footline — Plantillas Ortopédicas en Concepción · Porque cada paso merece sentirse bien.
Si este artículo te hizo sentido, podemos revisar tu caso y recomendarte una solución diseñada para tu pisada.
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